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#consejoparaque [audio completo]

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Pecados culturales (I) – El origen


A modo de prólogo

Comenzamos, con esta primera entrega, una serie dedicada a la tormentosa relación que mantienen el ayuntamiento de Pamplona y la vida cultural de la ciudad.  No es más que la crónica de unos tiempos revueltos, plagados de ilusión y desengaños, acuerdos frágiles, miedos y traiciones. Como cualquier historia de pasión, ésta tiene un final abierto. Los capítulos escritos no sirven más que como preámbulo de lo que está por venir.

Tanto es así, que aparte del poco placer o saber que pueda extraerse  de su lectura, el fin declarado de esta crónica es llamar la atención sobre los acontecimientos futuros, sin ir más lejos:

23 de mayo, miércoles, debate público:
“¿Un consejo para qué? Participación ciudadana y política cultural”
19:30
en IPES (c/ Tejería 28)

Folleto 13M

Presentación

Es ya un tópico recurrente entre los creadores y agentes culturales de la comunidad foral –quizá una muestra  de esa “cultura de la queja” que señalara R. Hugues- la afirmación sin paliativos de que Navarra ‘ha abandonado a la cultura’. Un lugar común casi tan extendido como aquel con el que se replica categóricamente desde las instituciones: Navarra ha sido una ‘comunidad puntera’ en inversión cultural.

Paradójicamente, ambas afirmaciones pueden ser ciertas.  Sin embargo, en su interesada parcialidad, no muestran la verdadera situación del sector. Entre otras razones porque ninguna de las dos responde a un enfoque crítico, con cierta perspectiva histórica, capaz de dibujar un panorama más exhaustivo.

Y precisamente para aportar algo de luz sobre el panorama cultural navarro de los últimos tiempos, hemos elegido el PEC, el Plan Estratégico de Cultura impulsado por el Ayuntamiento de Pamplona, como motivo central e hilo conductor de esta breve crónica divulgativa sobre la deriva de la cultura navarra: del sueño de la capitalidad europea a la pesadilla de los recortes salvajes.

El PEC como primer y tal vez último pecado cultural cometido por una clase gobernante cuya fe en la cultura es escasa, tardía, vacilante… Y contradictoria.

Antecedentes: Pamplona 2016

El inicio de esta historia no va a ser un diagnóstico catastrófico del sector. Sería tan fácil poner sobre la mesa una larga cadena de despropósitos de las dos últimas décadas como responder con datos de las generosas actuaciones institucionales. No perderemos tiempo en defender ni una ni otra postura. Nuestro relato pretende, por el contrario, ofrecer una lectura más amplia de la situación, una que permita entender la mala gestión y la prolijidad en el gasto como dinámicas complementarias.  Tenemos un punto de partida inmejorable para ello: el fracaso de la Candidatura de Pamplona a la capitalidad cultural europea 2016.

La presentación  de un proyecto improvisado –con cierto y tímido perfil participativo- hizo que las instituciones navarras se toparan con la cruda realidad. La vieja Pamplona, como “cruce de culturas”, sede del Camino de Santiago y de la Fiesta, no resultaba atractiva ni para el público (las votaciones por internet en la página oficial la situaron en el nº 13 de 14, con el 2’08% de los votos), ni para el jurado internacional, ya que no pasó si quiera a la última frase. Entre otras razones, se adujo que la candidatura carecía de un plan estratégico cultural o “una estimación económica real”.

Por el contrario, Donostia-San Sebastián, nuestra vecina, resultó brillante ganadora, más allá de polémicas de malos perdedores. Basta comparar ambos proyectos en extensión, desarrollo, referencias y hasta lenguaje empleado, para advertir la distancia abismal entre un proyecto localista y conservador y otro inscrito en las corrientes de la cultura contemporánea y con vocación innovadora e internacional. Es probable que ninguno de ambos proyectos llegara a satisfacer una exigente visión crítica de la cultura, pero en términos de la ‘industria cultural’ convencional, no tienen comparación posible.

No obstante, el fiasco en 2010 de la iniciativa institucional ‘Pamplona 2016’, denunciada por la oposición como un despilfarro publicitario, tuvo una consecuencia reveladora.

La constatación para todo el mundo -políticos, agentes culturales, creadores y ciudadanía- de que Pamplona había fracasado de manera estrepitosa porque no había desarrollado una política cultural ni disponía de un plan… Mientras, la mayoría de capitales de provincia con ambición en el sector hacía tiempo que lo habían elaborado para presentarse en condiciones al codiciado concurso.

Como por arte de magia, el Ayuntamiento de Pamplona, resentido por el fracaso, ordena al mismo equipo de gestores culturales convertir el malogrado proyecto en una esperanzadora “Propuesta de bases para un Plan Estratégico de Cultura de Pamplona”. El resultado es un extenso informe que recoge las propuestas principales del proyecto Pamplona 2016, como marco de un concurso para consultoras culturales. La empresa ganadora se encargará de desarrollar el PEC a lo largo de la segunda mitad de 2011.

…Continuará…

[En el próximo episodio: Ciudades culturales y el proyecto del PEC]

Adiós al Plan

El anuncio del concejal de cultura del Ayuntamiento de Iruñea, Fermín Alonso, clausurando el Plan Estratégico de Cultura -dejándolo a medias, en un informe sobre la vitalidad cultural- suena no sólo a una despedida de la planificación estratégica de la cultura sino a un funeral anunciado por el futuro de la cultura en esta ciudad…

Cuando en junio de 2011 se presentó el Plan Estratégico de Cultura, cuyo punto fuerte era un proceso participativo –hoy ha quedado demostrado que, pese a su parafernalia técnica, era irreal y apresurado-, la mayoría de agentes culturales desconfiamos, aunque saludáramos el intento del consistorio por empezar a tomarse en serio al sector cultural.

Pero después de nueve meses de espera, de 30.000 euros gastados (de un presupuesto de 55.000), de involucrar a las gentes de la cultura y de una sospechosa falta de transparencia sobre su desarrollo, el PEC de Iruñea ha descarrilado, definitivamente.

No obstante, no debiéramos caer en la trampa de creer –como los partidos de la oposición municipal- que la cancelación del PEC, cuyos detalles legales y económicos habrá que analizar con lupa, es una cuestión de desidia y negligencia de la concejalía del ramo. Más parece una decisión deliberada: el último clavo al ataúd para la cultura como bien público por parte de un ayuntamiento (y de un gobierno de Navarra) que desconfía de la cultura, hasta el punto de desbaratar los propios planes que emprende.

Después del fiasco de Pamplona 2016, el fracaso del PEC no solo constituye una muestra palmaria de despilfarro, mala gestión y fraude ciudadano, sino la última consecuencia de la política de recortes y liquidación de derechos, que se ensaña especialmente con la cultura. De la cancelación del Festival Punto de Vista al cierre de la ENT, para acabar con un PEC que, mal que bien, podría haber detectado las intervenciones culturales necesarias, para las cuales no hay presupuesto previsto ni intención de buscarlo en un futuro próximo.

La otra consecuencia, en este caso positiva, es que las manifestaciones culturales que se articulan más allá del control, planificación y oficialidad de los civivox han quedado actualmente en manos de la ciudadanía y de su capacidad de empoderamiento… Como dicen las compañeras catalanas: “sin cultura, no hay futuro.”

En este sentido, el grupo de cultura del 15M Iruñea y REC (Red Estratégica de Cultura, nuestro irónico mordisco a esta ciudad zombificada), asumiendo de manera positiva y colaborativa sus críticas al PEC, llevó a cabo una doble tarea: participar en el proceso participativo del PEC y, al tiempo, desplegar su propio proceso alternativo. Tras seis meses de trabajo horizontal con agentes culturales, creadores y ciudadanía –y un gasto de 0 euros- presentamos el dossier Aún sin plan. Registro de un proceso alternativo al Plan Estratégico de Cultura, que concluye con seis propuestas estratégicas: Código para la inversión y gestión pública en cultura, Consejo permanente de participación, Derogación de la ordenanza de civismo, Plan de fomento de cultura libre, Estudio y mapeado del trabajo en cultura, Espacio cultural autogestionado.

Esquema del dossier "Aún sin plan"

Una demostración de que es posible elaborar una planificación estratégica desde abajo, “que garantice el acceso de todas las personas a esa riqueza cultural y consiga un retorno justo de los recursos económicos que genera la cultura al tejido productivo y social que la posibilita”.

Como colofón del desastre, el concejal Fermín Alonso se atreve a proponer la creación de una vergonzante “mesa de la cultura”, en la que no participen los grupos políticos sino “sólo el sector cultural y la sociedad”. No obstante, aclara que son los grupos políticos los que deberían redactar los estatutos de esa “mesa”. Nuevamente, en su línea, ofrece un señuelo de participación dirigida, para la que al sector cultural y a la ciudadanía ya no le queda una mínima reserva de confianza.

Nuestra propuesta para esa hipotética Mesa de la Cultura es la siguiente: que ésta sea una mesa constituyente y ciudadana que genere sus propios estatutos, que su primera tarea sea fiscalizar el fiasco del PEC y que se habiliten presupuestos participativos municipales para el Área de Cultura. Solo entonces podremos confiar en el cambio de actitud y responsabilidad del Ayuntamiento y sus planes.

Y aún otra propuesta -por la dignidad de la cultura en Navarra- dirigida al sector cultural: que se genere una red de resistencia y creatividad entre todos los sectores culturales, capaz de sacudirse la resignación, responder a las agresiones a la cultura y proponer soluciones colectivas y solidarias con el resto de sectores injustamente recortados.

No hay cultura sin derechos sociales. Nos vemos en las redes y en la calle.