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¿Un debate para qué? Para comenzar un proceso de empoderamiento en cultura…

El miércoles 23 a las  19:30 se celebró por fin el esperado debate “¿Un consejo para qué? Participación ciudadana y política cultural”, organizado por 15M Cultura Iruña y [REC] Red Estratégica de Cultura, en el local de IPES Elkartea.

#consejoparaque

Aunque habían sido invitados todos los grupos municipales, finalmente acudieron representantes de sólo dos: Itziar Gómez por Nabai y Edurne Eguino por Izquierda-Ezkerra. La representante del PSN, se excusó a última hora por problemas familiares y el representante de Bildu, que había confirmado su participación, no hizo acto de presencia. Por su parte UPN y PP habían declinado previamente la invitación, aduciendo que no era pertinente “reproducir” o “adelantar” el debate del pleno. Obviaron, parece, que este era un acto abierto a la ciudadanía y a sus interpelaciones.

El debate se desarrolló en dos partes, primero la organización planteó tres preguntas a las representantes municipales y luego se abrió un amplio turno de preguntas con un público bien informado -una treintena de asistentes entre agentes culturales y ciudadanos/as- que alimentó un diálogo vivo pero constructivo. Más allá de las críticas, se buscó arrancar compromisos a los grupos políticos presentes.

Quedó claro a lo largo del debate que las diferencias ‘técnicas’ entre el modelo ‘mesa de la cultura’ (I-E) y el ‘consejo de la cultura’ (Nabai) eran secundarias frente a la falta de voluntad política por parte de un gobierno municipal que no cree en la participación.  Después del fiasco de Pamplona 2016 y el fracaso del PEC, el probable consejo de cultura de Pamplona -según modelo de UPN- tiene todas las papeletas para ser otro consejo dirigido y vacío, como por ejemplo el de la mujer o el de los mayores.

Se trataron temas muy diversos, que mostraron la envergadura del problema a que nos enfrentamos: las dificultades para desarrollar actividades culturales en el espacio público, el dirigismo en la gestión de los civivox, la carencia de códigos de buenas prácticas a la hora de elegir cargos culturales, la falta de un modelo que tenga en cuenta el valor económico que genera la cultura en la ciudad, otras experiencias en participación ciudadana, las arbitrariedad de las subvenciones nominativas, etc.

Las representantes políticas pintaron un panorama desolador pero, animadas por el público, contemplaron como más viable el trabajo fuera del Ayuntamiento con los colectivos culturales, e incluso se habló de la posibilidad de un Consejo de cultura alternativo…

Finalmente ambas representantes municipales se comprometieron a participar en un foro sobre ciudad, cultura y participación que organizará [REC] en otoño. Les tomaremos la palabra, que quedó puntualmente registrada… Próximamente colgaremos el audio completo del debate.

Entre los organizadores quedó una sensación agridulce. Agria, por una parte, al no haber conseguido reunir a todos los grupos municipales, que alardean de retórica participativa pero que todavía recelan de bajar a la arena pública a participar en pie de igualdad. Dulce, por otra, por la constatación de que es posible generar procesos participativos y actos culturales de manera autónoma, para impulsar la cultura participativa en Iruñea.

No podemos concluir el relato sin expresar nuestro agradecimiento a las compañeras de IPES, el único local que nos abrió sus puertas después de una docena de espacios públicos y privados que nos las cerraron. Gracias también a las concejalas que acudieron al debate con tan buena disposición. Por último, cómo no, gracias a la gente que participó en el debate y nos confirmó que una red se hace entre todos/as, poco a poco, desde abajo.

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Pecados culturales (y V) – Conclusiones y enlaces

Conclusiones políticas

En tiempos de crisis, el discurso de ‘la cultura como derecho’ se ve seriamente amenazado, mientras que el de ‘la cultura como recurso’ –en términos de J. Rowan y G. Yúdice– roza también el colapso por la escasa inversión pública. Esto es especialmente visible en Navarra, donde la apuesta por la cultura como derecho ya era, como hemos comentado, muy limitada y débil. Como recurso (pelotazo inmobiliario mediante) tuvo sus años de gloria, pero el grifo está cerrado.

A partir de ahora, parece que se va a entender la cultura como nicho de mercado puramente privado, estimulado con pequeñas y simbólicas ayudas públicas, de carácter  disciplinario. Y en esta situación, el PEC, aun siendo escasamente participativo, se convertía en una iniciativa incómoda, y hasta peligrosa.

Paradójicamente, el pecado venial del PEC ha tenido una virtud; haber despertado la expectativa de una planificación estratégica y participativa de la cultura. En cuanto al proceso alternativo del Grupo de Cultura 15M -la única, modesta y propositiva contestación social al proyecto- el plan ha supuesto un estímulo para repensar de manera radicalmente diferente la cultura de la ciudad.

En este sentido, lo que ha demostrado este proceso alternativo es que es posible una participación real –horizontal y basada en el consenso- para construir la cultura. Y lo que sugieren las propuestas filtradas del proceso es que en mitad de la crisis sólo puede sobrevivir una cultura pública si está apoyada en la gestión participativa por un lado y en una viva cultura autogestionada que devuelva de manera comunitaria una riqueza simbólica y material que generan las prácticas culturales en la ciudad, sin pasar por manos de los políticos y los mercados. Una riqueza que se crea entre todas las personas, desde abajo, y debería ser también así gestionada. Se abre en definitiva la expectativa de una nueva cultura  popular contemporánea, un comunal de la cultura, no dirigido por las instituciones ni determinado por la economía.

Pero para lograr sobrevivir a la crisis –épocas, dice el tópico de paradójica creatividad- y sus salidas neoliberales, no solo hemos de trabajar en el comunal cultural sino defender colectivamente una cultura  pública, protegida por las administraciones, cuyos presupuestos sean recuperados desde la lógica del bien público y elaborados participativamente, a través de una movilización tan estratégica como imaginativa del sector cultural, en alianza con el resto de sectores precarizados por los recortes.

Esta crisis que se ensaña con la cultura todavía puede trasmutarse en la oportunidad de una definitiva revitalización de la ciudad. Ojalá el pecado del PEC y los procesos alternativos a los que ha dado lugar nos sirvan de plataforma reflexiva y artivista para abordar el reto de la cultura del presente de manera radicalmente creativa y democrática.

 

Enlaces

Votos a la candidatura de Pamplona 2016 en Internet

Dictamen del jurado internacional sobre la capitalidad cultural 2016

Falta de consenso en torno al PEC

Fracasa el primer encuentro del PEC

Blog Maite Sporrin (PSN) sobre el PEC

Declaración y propuesta sobre el PEC del Grupo de cultura 15M

A los navarros no les interesa la cultura

Maya desmiente desinterés Pamplona por la cultura

Documentos oficiales del PEC-Diagnóstico

Dossier “Aún sin Plan. Registro de un proceso participativo alternativo al Plan Estratégico de Cultura”

La cultura en busca de soluciones I

La cultura en busca de soluciones II

Pamplona se queda sin Plan Estratégico de Cultura

Fermín Alonso defiende que Pamplona no ha tirado el dinero

El sector cultural considera la oferta poco innovadora

La oposición critica a Fermín Alonso

La Escuela Navarra de Teatro ve reducida su ayuda

Gasto ejecutado del Museo de los Sanfermines

El INAAC elimina financiación festivales de cine

El Pleno censura la política cultural

Entrevista a Ana Zabalegui, directora general de cultura

Entrevista a Fátima Anllo, responsable del PEC

La cultura como derecho y como recurso- J.Rowan

“Adiós al PEC”, artículo del PEC sobre el fracaso del PEC

Bildu sostiene que el diagnóstico del PEC carece de legitimidad

Pecados culturales (II) – El plan interminable

Las ciudades culturales

Antes de contar la resolución del concurso del PEC pamplonés es preciso ampliar el contexto. La llegada del PEC como de la misma candidatura Pamplona 2016, no se explica solo en clave local, sino que se inscribe en la corriente de la reconversión de numerosas capitales del Estado en ‘ciudades culturales’ en la estela del ‘modelo Barcelona’ o del ‘efecto Guggenheim’.

Foto de Paco Lozano, se puede utilizar bajo licencia Creative Commons.

La aspiración de metrópolis postindustriales a convertirse en destinos de una prometedora industria turístico-cultural nos ha dejado un puñado de éxitos y un reguero de fracasos que, en general, ha servido para actualizar las infraestructuras culturales, con toda la inflación de ladrillo que supone.

En este sentido, Pamplona es una de las últimas capitales en sumarse a la tendencia, pese a la pionera y cercana referencia de las capitales vascas. Así, Pamplona también tiene el sueño de convertirse en capital cultural, pero los Sanfermines no son base suficiente para generar una oferta competitiva el resto del año. Para “estar en el mapa” Pamplona debe reinventarse por completo y, desde una óptica institucional, eso significa una cosa: preparar planes culturales.

Para resolver las numerosas carencias de la oferta cultural de Navarra y Pamplona, hace tres años el Gobierno de Navarra pone en marcha una serie de tentativas vacilantes, como el Plan de fomento y desarrollo del arte contemporáneo o el OCN Observatorio Cultural de Navarra, que pretenden indagar en las carencias y proponer las primeras soluciones.

A escala local es el PEC, tras el tropiezo de Pamplona 2016, el proyecto que asume el desafío: sentar las bases de la planificación de la cultura en la ciudad. Pamplona quiere, aparentemente, hacer los deberes y para ello elige una propuesta de aspecto innovador para gestionar el PEC.

Imagen del tríptico publicado por el Ayto.

El proyecto del PEC

En mayo de 2011 el Ayuntamiento concede la gestión del PEC a dos empresas: Building Brands Consulting SL y Estudio Ken (habituales en las contratas del gobierno foral), quienes se han presentado como UTE. El presupuesto total asciende a 59.000 euros, cantidad límite según la Ley de Contratos para habilitar un concurso restringido (y no realizar, por tanto, una convocatoria abierta).

Su responsable máxima es Fátima Anlló, directora del Máster de Gestión Cultural de la Universidad Complutense de Madrid. También forman parte del equipo: Juan Medina, de la consultora Building Brands, el soporte de consultoría y Luis Garbayo, de Ken, en el asesoramiento en comunicación; Luis Arizaleta, gestor cultural independiente, y la periodista Ana Zabalegui, que en breve sería nombrada directora general de cultura del gobierno de UPN-PSN.

La gran baza del proyecto: su elaboración según el pionero método de la “deliberación participativa” en el cual colaborarían agentes culturales y ciudadanos. El método, más allá de su efecto propagandístico, no desvela ni sus claves ni sus reglas. Constituye, eso sí, el eje de un proceso de cuatro meses  de reuniones. Hasta 10 grupos de voluntarios se encuadran en categorías (asociaciones y entidades sin ánimo de lucro, artes escénicas, artes plásticas, música, patrimonio y arquitectura, patrimonio inmaterial, fiestas y tradiciones, audiovisuales, literatura y lectura, educación y formación, panel ciudadano) que a cualquier observador  le parecerán anticuadas ya que se identifican en gran medida con disciplinas artísticas del siglo pasado.  También se abre un sitio en internet francamente limitado que contiene una encuesta: Tu opinión cuenta.

Imagen de la web oficial del PEC “queremoscreamoscultura”

Ya en junio se realizan las primeras rondas de presentación de la iniciativa, cuya respuesta –entre la curiosidad y la suspicacia- resulta bastante escasa. Un dato: de 400 asociaciones culturales convocadas solo asistieron 30.

La oposición municipal plantea las primeras dudas respecto al PEC; Maite Sporrin, del PSN, cuestiona la idoneidad del concurso restringido, y NABAI, la pertinencia del plan antes de haber desarrollado un Plan Estratégico de Pamplona (no sólo de cultura).

Por otra parte, el Grupo de cultura del 15M, recién formado, a través de una declaración pública cuestiona la calidad de la participación.

El desarrollo del PEC

Tras un largo verano de tres meses de inactividad pública, a comienzos de noviembre se programan las primeras reuniones, ya con un considerable retraso, que han de abordar la fase de diagnóstico. Como pistoletazo de salida se difunden las primeras encuestas del PEC, que van a servir de piedra de toque para los grupos de trabajo.

Fermín Alonso, concejal de cultura del Ayuntamiento, basándose en el primer avance diagnóstico, declara llamativamente: “la población de Navarra, excepto para la lectura de diarios, muestra menos interés para todas las actividades culturales que la de cualquier otra comunidad del Estado”. Se produce una pequeña polémica, en la que el nuevo alcalde, Enrique Maya, tercia desautorizando esta sorprendente conclusión de las encuestas, al menos en lo que se refiere a Pamplona.

En este clima enrarecido –que visto retrospectivamente parece justificar los recortes culturales por venir- se da paso a la primera fase de la participación. Las reuniones de trabajo se desarrollan como sesiones convencionales de recogida de opiniones diversas –sin discusión ni acuerdos- en las que se entiende por ‘consenso’ la mera constatación de repeticiones. Así lo muestran los documentos finales de diagnóstico.

En última instancia, el proceso se revela como un bienintencionado y pobre remedo burocrático de genuina participación ciudadana. Con una participación en retroceso y un incierto futuro, el PEC va perdiendo legitimidad a medida que avanza.

[En el próximo episodio: Aún sin plan]

Y te lo recordamos: tenemos una cita el próximo miércoles.

13M, volvemos a la plaza.

Esto no se para tras las manifestaciones de ayer. Los derechos no tienen fechas especiales, conquistarlos es cosa de todos los días. Para ello, debemos construir formas de presión social permanente. La discusión pública, la detección colectiva de problemas y posibilidades comunes es, sin duda, una tarea imprescindible para tal construcción.

Dentro de la programación de hoy en la Plaza del Castillo hemos preparado la discusión “Por una cultura participativa en Iruñea”. Dinamizaremos una hora de conversación en torno a tres preguntas:

  1. Política cultural del ayuntamiento de Iruñea. ¿Ignorancia o estrategia deliberada?
  2. ¿Cultura para qué? El papel del tejido cultural en la ciudad.
  3. ¿Qué hacemos? Propuestas para la acción desde/para los agentes culturales.

El objetivo es elaborar (aunque sea en calidad de borrador) una radiografía local de la situación de la cultura. Quizá a partir de ahí podamos encontrar estrategias de oposición a las dinámicas de expolio y desmantelamiento que estamos contemplando en los últimos meses.

Las personas primero. Por el reparto de los recursos y no de las migajas. Hacia la consolidación de nuevos derechos, la cultura se mueve.

A5 euskarazFolleto 13M

#12m15m is free culture

Queda un día para lo que, no nos cabe duda, será una nueva explosión de la potencia del 99% por las calles de todo el mundo. También en la vieja Iruña:

Para ver la programación actualizada y en detalle, haz clic sobre la imagen anterior o aquí mismo.

El domingo 13 a las 19:20 dinamizaremos el taller “Por una cultura participativa” en torno a las políticas culturales locales, la coyuntura de recortes y la posibilidad de nuevas instituciones culturales realmente democráticas.

Será un fin de semana intenso. Ojalá lo sea la primavera entera. Nos vemos en la plaza.

Sobre la mesa

Se viene hablando estos días de la necesidad de sustituir el malogrado Plan Estratégico de Cultura por una “mesa” o un “consejo”. Distintos grupos municipales han presentado sus propuestas para cubrir ese hueco.

No obstante, por los documentos que han llegado a nuestras manos, pensamos que ninguna de esas propuestas atiende al reto fundamental: la creación de espacios de participación ciudadana en las políticas culturales, o lo que es lo mismo, la puesta en marcha de herramientas de gestión democrática real, abierta y transparente, de los recursos e infraestructuras públicos.

Los detalles de la confección técnica de dichos espacios y herramientas nos parecen secundarios. Sí consideramos, en cambio, que hay cuatro características irrenunciables que el nuevo órgano de gobierno municipal debe reunir:

  1. Que sea un órgano ejecutivo, con capacidad de decisión plena, y no meramente consultivo.
  2. Que tenga una asignación presupuestaria.
  3. Que abra vías de participación real. Es decir, que no tome las decisiones por sí mismo, sino mediante convocatorias abiertas y procedimientos inclusivos.
  4. Que tenga capacidad de dotarse a sí mismo de estatutos.

Si no recoge estos cuatro puntos, la puesta en marcha de la nueva mesa, consejo o lo que sea, no supondrá más que la aceleración de tendencias que parecen, a estas alturas, difíciles de revertir: el alejamiento entre las instituciones y tejido cultural vivo, la gestión de la cultura como amenaza más que como riqueza, o lo que es peor, el expolio de unos recursos que son de todos.

En síntesis, estamos ante la oportunidad de realizar verdaderos avances en el acceso democrático a ese patrimonio común que genera la cultura en la ciudad. O bien continuar con un paripé muy poco disimulado.