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#consejoparaque [audio completo]

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Pecados culturales (II) – El plan interminable

Las ciudades culturales

Antes de contar la resolución del concurso del PEC pamplonés es preciso ampliar el contexto. La llegada del PEC como de la misma candidatura Pamplona 2016, no se explica solo en clave local, sino que se inscribe en la corriente de la reconversión de numerosas capitales del Estado en ‘ciudades culturales’ en la estela del ‘modelo Barcelona’ o del ‘efecto Guggenheim’.

Foto de Paco Lozano, se puede utilizar bajo licencia Creative Commons.

La aspiración de metrópolis postindustriales a convertirse en destinos de una prometedora industria turístico-cultural nos ha dejado un puñado de éxitos y un reguero de fracasos que, en general, ha servido para actualizar las infraestructuras culturales, con toda la inflación de ladrillo que supone.

En este sentido, Pamplona es una de las últimas capitales en sumarse a la tendencia, pese a la pionera y cercana referencia de las capitales vascas. Así, Pamplona también tiene el sueño de convertirse en capital cultural, pero los Sanfermines no son base suficiente para generar una oferta competitiva el resto del año. Para “estar en el mapa” Pamplona debe reinventarse por completo y, desde una óptica institucional, eso significa una cosa: preparar planes culturales.

Para resolver las numerosas carencias de la oferta cultural de Navarra y Pamplona, hace tres años el Gobierno de Navarra pone en marcha una serie de tentativas vacilantes, como el Plan de fomento y desarrollo del arte contemporáneo o el OCN Observatorio Cultural de Navarra, que pretenden indagar en las carencias y proponer las primeras soluciones.

A escala local es el PEC, tras el tropiezo de Pamplona 2016, el proyecto que asume el desafío: sentar las bases de la planificación de la cultura en la ciudad. Pamplona quiere, aparentemente, hacer los deberes y para ello elige una propuesta de aspecto innovador para gestionar el PEC.

Imagen del tríptico publicado por el Ayto.

El proyecto del PEC

En mayo de 2011 el Ayuntamiento concede la gestión del PEC a dos empresas: Building Brands Consulting SL y Estudio Ken (habituales en las contratas del gobierno foral), quienes se han presentado como UTE. El presupuesto total asciende a 59.000 euros, cantidad límite según la Ley de Contratos para habilitar un concurso restringido (y no realizar, por tanto, una convocatoria abierta).

Su responsable máxima es Fátima Anlló, directora del Máster de Gestión Cultural de la Universidad Complutense de Madrid. También forman parte del equipo: Juan Medina, de la consultora Building Brands, el soporte de consultoría y Luis Garbayo, de Ken, en el asesoramiento en comunicación; Luis Arizaleta, gestor cultural independiente, y la periodista Ana Zabalegui, que en breve sería nombrada directora general de cultura del gobierno de UPN-PSN.

La gran baza del proyecto: su elaboración según el pionero método de la “deliberación participativa” en el cual colaborarían agentes culturales y ciudadanos. El método, más allá de su efecto propagandístico, no desvela ni sus claves ni sus reglas. Constituye, eso sí, el eje de un proceso de cuatro meses  de reuniones. Hasta 10 grupos de voluntarios se encuadran en categorías (asociaciones y entidades sin ánimo de lucro, artes escénicas, artes plásticas, música, patrimonio y arquitectura, patrimonio inmaterial, fiestas y tradiciones, audiovisuales, literatura y lectura, educación y formación, panel ciudadano) que a cualquier observador  le parecerán anticuadas ya que se identifican en gran medida con disciplinas artísticas del siglo pasado.  También se abre un sitio en internet francamente limitado que contiene una encuesta: Tu opinión cuenta.

Imagen de la web oficial del PEC “queremoscreamoscultura”

Ya en junio se realizan las primeras rondas de presentación de la iniciativa, cuya respuesta –entre la curiosidad y la suspicacia- resulta bastante escasa. Un dato: de 400 asociaciones culturales convocadas solo asistieron 30.

La oposición municipal plantea las primeras dudas respecto al PEC; Maite Sporrin, del PSN, cuestiona la idoneidad del concurso restringido, y NABAI, la pertinencia del plan antes de haber desarrollado un Plan Estratégico de Pamplona (no sólo de cultura).

Por otra parte, el Grupo de cultura del 15M, recién formado, a través de una declaración pública cuestiona la calidad de la participación.

El desarrollo del PEC

Tras un largo verano de tres meses de inactividad pública, a comienzos de noviembre se programan las primeras reuniones, ya con un considerable retraso, que han de abordar la fase de diagnóstico. Como pistoletazo de salida se difunden las primeras encuestas del PEC, que van a servir de piedra de toque para los grupos de trabajo.

Fermín Alonso, concejal de cultura del Ayuntamiento, basándose en el primer avance diagnóstico, declara llamativamente: “la población de Navarra, excepto para la lectura de diarios, muestra menos interés para todas las actividades culturales que la de cualquier otra comunidad del Estado”. Se produce una pequeña polémica, en la que el nuevo alcalde, Enrique Maya, tercia desautorizando esta sorprendente conclusión de las encuestas, al menos en lo que se refiere a Pamplona.

En este clima enrarecido –que visto retrospectivamente parece justificar los recortes culturales por venir- se da paso a la primera fase de la participación. Las reuniones de trabajo se desarrollan como sesiones convencionales de recogida de opiniones diversas –sin discusión ni acuerdos- en las que se entiende por ‘consenso’ la mera constatación de repeticiones. Así lo muestran los documentos finales de diagnóstico.

En última instancia, el proceso se revela como un bienintencionado y pobre remedo burocrático de genuina participación ciudadana. Con una participación en retroceso y un incierto futuro, el PEC va perdiendo legitimidad a medida que avanza.

[En el próximo episodio: Aún sin plan]

Y te lo recordamos: tenemos una cita el próximo miércoles.

Pecados culturales (I) – El origen


A modo de prólogo

Comenzamos, con esta primera entrega, una serie dedicada a la tormentosa relación que mantienen el ayuntamiento de Pamplona y la vida cultural de la ciudad.  No es más que la crónica de unos tiempos revueltos, plagados de ilusión y desengaños, acuerdos frágiles, miedos y traiciones. Como cualquier historia de pasión, ésta tiene un final abierto. Los capítulos escritos no sirven más que como preámbulo de lo que está por venir.

Tanto es así, que aparte del poco placer o saber que pueda extraerse  de su lectura, el fin declarado de esta crónica es llamar la atención sobre los acontecimientos futuros, sin ir más lejos:

23 de mayo, miércoles, debate público:
“¿Un consejo para qué? Participación ciudadana y política cultural”
19:30
en IPES (c/ Tejería 28)

Folleto 13M

Presentación

Es ya un tópico recurrente entre los creadores y agentes culturales de la comunidad foral –quizá una muestra  de esa “cultura de la queja” que señalara R. Hugues- la afirmación sin paliativos de que Navarra ‘ha abandonado a la cultura’. Un lugar común casi tan extendido como aquel con el que se replica categóricamente desde las instituciones: Navarra ha sido una ‘comunidad puntera’ en inversión cultural.

Paradójicamente, ambas afirmaciones pueden ser ciertas.  Sin embargo, en su interesada parcialidad, no muestran la verdadera situación del sector. Entre otras razones porque ninguna de las dos responde a un enfoque crítico, con cierta perspectiva histórica, capaz de dibujar un panorama más exhaustivo.

Y precisamente para aportar algo de luz sobre el panorama cultural navarro de los últimos tiempos, hemos elegido el PEC, el Plan Estratégico de Cultura impulsado por el Ayuntamiento de Pamplona, como motivo central e hilo conductor de esta breve crónica divulgativa sobre la deriva de la cultura navarra: del sueño de la capitalidad europea a la pesadilla de los recortes salvajes.

El PEC como primer y tal vez último pecado cultural cometido por una clase gobernante cuya fe en la cultura es escasa, tardía, vacilante… Y contradictoria.

Antecedentes: Pamplona 2016

El inicio de esta historia no va a ser un diagnóstico catastrófico del sector. Sería tan fácil poner sobre la mesa una larga cadena de despropósitos de las dos últimas décadas como responder con datos de las generosas actuaciones institucionales. No perderemos tiempo en defender ni una ni otra postura. Nuestro relato pretende, por el contrario, ofrecer una lectura más amplia de la situación, una que permita entender la mala gestión y la prolijidad en el gasto como dinámicas complementarias.  Tenemos un punto de partida inmejorable para ello: el fracaso de la Candidatura de Pamplona a la capitalidad cultural europea 2016.

La presentación  de un proyecto improvisado –con cierto y tímido perfil participativo- hizo que las instituciones navarras se toparan con la cruda realidad. La vieja Pamplona, como “cruce de culturas”, sede del Camino de Santiago y de la Fiesta, no resultaba atractiva ni para el público (las votaciones por internet en la página oficial la situaron en el nº 13 de 14, con el 2’08% de los votos), ni para el jurado internacional, ya que no pasó si quiera a la última frase. Entre otras razones, se adujo que la candidatura carecía de un plan estratégico cultural o “una estimación económica real”.

Por el contrario, Donostia-San Sebastián, nuestra vecina, resultó brillante ganadora, más allá de polémicas de malos perdedores. Basta comparar ambos proyectos en extensión, desarrollo, referencias y hasta lenguaje empleado, para advertir la distancia abismal entre un proyecto localista y conservador y otro inscrito en las corrientes de la cultura contemporánea y con vocación innovadora e internacional. Es probable que ninguno de ambos proyectos llegara a satisfacer una exigente visión crítica de la cultura, pero en términos de la ‘industria cultural’ convencional, no tienen comparación posible.

No obstante, el fiasco en 2010 de la iniciativa institucional ‘Pamplona 2016’, denunciada por la oposición como un despilfarro publicitario, tuvo una consecuencia reveladora.

La constatación para todo el mundo -políticos, agentes culturales, creadores y ciudadanía- de que Pamplona había fracasado de manera estrepitosa porque no había desarrollado una política cultural ni disponía de un plan… Mientras, la mayoría de capitales de provincia con ambición en el sector hacía tiempo que lo habían elaborado para presentarse en condiciones al codiciado concurso.

Como por arte de magia, el Ayuntamiento de Pamplona, resentido por el fracaso, ordena al mismo equipo de gestores culturales convertir el malogrado proyecto en una esperanzadora “Propuesta de bases para un Plan Estratégico de Cultura de Pamplona”. El resultado es un extenso informe que recoge las propuestas principales del proyecto Pamplona 2016, como marco de un concurso para consultoras culturales. La empresa ganadora se encargará de desarrollar el PEC a lo largo de la segunda mitad de 2011.

…Continuará…

[En el próximo episodio: Ciudades culturales y el proyecto del PEC]

13M, volvemos a la plaza.

Esto no se para tras las manifestaciones de ayer. Los derechos no tienen fechas especiales, conquistarlos es cosa de todos los días. Para ello, debemos construir formas de presión social permanente. La discusión pública, la detección colectiva de problemas y posibilidades comunes es, sin duda, una tarea imprescindible para tal construcción.

Dentro de la programación de hoy en la Plaza del Castillo hemos preparado la discusión “Por una cultura participativa en Iruñea”. Dinamizaremos una hora de conversación en torno a tres preguntas:

  1. Política cultural del ayuntamiento de Iruñea. ¿Ignorancia o estrategia deliberada?
  2. ¿Cultura para qué? El papel del tejido cultural en la ciudad.
  3. ¿Qué hacemos? Propuestas para la acción desde/para los agentes culturales.

El objetivo es elaborar (aunque sea en calidad de borrador) una radiografía local de la situación de la cultura. Quizá a partir de ahí podamos encontrar estrategias de oposición a las dinámicas de expolio y desmantelamiento que estamos contemplando en los últimos meses.

Las personas primero. Por el reparto de los recursos y no de las migajas. Hacia la consolidación de nuevos derechos, la cultura se mueve.

A5 euskarazFolleto 13M